20 Mayo 2012
Muy probablemente, esta sea la última entrada que haga en el blog, aunque, en estos momentos, me gusta pensar que continuaré escribiendo de vez en cuando en verano. Pero, ya se sabe, del dicho al hecho...
Sé que suena muy tópico, pero este curso se me ha pasado volando. Parece que fue ayer cuando lo inaugurábamos con una entrada de un personaje de los Siglos de Oro, ¡qué recuerdos! Ahora creo que todos somos unos profesionales en esto de "bloggear", aunque sería extraño que con casi sesenta entradas no lo fuéramos.
En otra entrada ya expuse lo que me ha gustado del blog y lo que, por el contrario, me ha angustiado más de esta tarea. A pesar de todo, creo que fue una entrada un poco simplista y no supe profundizar del todo en lo que realmente me ha aportado esta actividad.
Al empezar, tras hacer unas pocas entradas, descubrí algo que nunca habría imaginado: escribir en un blog me gusta. Sobre todo lo he disfrutado mucho cuando he tenido tiempo para dedicárselo a las entradas. Cada post que he escrito me ha aportado algo distinto, sobre todo conocimientos sobre temas que en clase, por el reducido horario que tenemos, son imposibles de tratar. ![[object]](http://www.lacoctelera.com/myfiles/laura-r-i/hacerblog.jpg?Expires=1340229600&Signature=Qfab1mUizv5L33PwJyrdUx2iFqNrFlWGJveVk0vXPt4wJ9PILJMVIdPrsasge3Duj-hpJuhe-5a-ajIPMApGrJG4ZFRjaFZGE4aFnrip-Tr9YhzKYIOL3ILu8ASH-TmLS07XBVisMNUH~ywIXhEwHteP0xMDOsoEgFstUyvC8S8_&Key-Pair-Id=APKAJYN3LZI5CG46B7AA&Policy=eyJTdGF0ZW1lbnQiOlt7IlJlc291cmNlIjoiaHR0cDovL2QzZHM0b3k3ZzF3cnFxLmNsb3VkZnJvbnQubmV0L2xhdXJhLXItaS9teWZpbGVzL2hhY2VyYmxvZy5qcGciLCJDb25kaXRpb24iOnsiRGF0ZUxlc3NUaGFuIjp7IkFXUzpFcG9jaFRpbWUiOjEzNDAyMjk2MDB9fX1dfQ__)
Algo que me ha gustado mucho es la libertad que Rosalía nos ha dejado para escribir en nuestro pequeño espacio, ya que en un principio, no había ni pautas ni nada que frenara nuestra creatividad. Las únicas condiciones que existían eran que tratásemos un tema relacionado con la asignatura, que el post tuviese una cierta extensión y que la expresión fuese correcta, todo lo cual creo que es justo.
Otro aspecto que ha fomentado el blog son las relaciones entre los compañeros. En las clases de literatura nos juntamos los dos bachilleratos y creo que el hecho de compartir esta actividad ha contribuido a la unión del grupo. A mí, por ejemplo, me ha ayudado a conocer, a partir de sus entradas, a muchos compañeros de primero, de lo cual me alegro mucho.
Todavía me quedan más cosas positivas del blog, pero creo que las anteriores son para mí las más relevantes. Sin embargo, no os penséis que todo es de color de rosa, el blog también me ha traído muchos quebraderos de cabeza (y dolor de espalda). Ahora mismo estoy un poco saturada y, por esta razón, no estoy disfrutando mientras hago esta entrada, lo cual me da mucha pena, teniendo en cuenta que puede ser la última. Si alguna pega le tengo que sacar a esta actividad, esa es el número de entradas. ¡Oh, Dios mío! ¡Eso no me ha dejado
vivir en paz durante el curso! Creo que esta parte ha sido un poco injusta, porque creo que la elaboración de una buena entrada precisa que se le dedique un largo lapso de tiempo y la tarea semanal de dos entradas a veces era difícil de compaginar con las otras asignaturas, empresa que sólo pude realizar el primer trimestre. Si las entradas están bien hechas, ¿qué importa que haya diez o veinte? Pienso, sinceramente, que un número, a veces, elevado de entradas, en algunas ocasiones, nos ha llevado a hacer unos posts menos cuidados por el hecho de que veíamos que el tiempo apremiaba.
Todo lo positivo del blog eclipsa lo negativo, he de reconocerlo. Creo que la asignatura de literatura se habría quedado coja sin este complemento que me ha hecho pasar tan buenos momentos y que, sin duda, me ha hecho más personita, como en otra entrada comentaba sobre alguna lectura.
Espero que en un futuro vuelva a emprender de nuevo la costumbre de escribir en un blog, lo digo con la mano en el pecho, pero esta vez con más libertad respecto al número. Por el contrario, si el destino se opone a ello, quisiera decir que ha sido un placer compartir con vosotros tantísimas inquietudes, tanto escribirlas como leerlas. Esto ha sido una experiencia de mi paso por el instituto que, sin duda, cada vez que recuerde, me hará traer una sonrisa a los labios. Gracias :)
Vale.
servido por Laura
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20 Mayo 2012
Yo soy una persona bastante escéptica e incrédula y, las más de las veces, necesito pruebas de todo lo que me dicen, sobre todo si es paranormal o extraño. El viernes de esta misma semana me encontraba sola en casa viendo, como de costumbre, Saber y ganar mientras estaba tumbada en mi querido sofá. En el programa explicaron algo que me sorprendió muchísimo (y que todavía no sé si creer...) y que, pensé, merecía estar en mi blog.
Por ser el centenario de la muerte de Marcelino Menéndez Pelayo, un polifacético personaje que entre otras cosas destaca por ser filólogo, filósofo, crítico literario, historiador y poeta, el programa le dedicó unos minutos a tan insigne hombre de letras.
A cada información que iban dando sobre él, mi admiración crecía todavía más. Menéndez Pelayo ostentó numerosos cargos en muchísimas academias y era ávido lector, leía más libros que veces parpadeaba, era increíble. Otra de las cosas que me sorprendió es que pudo ser miembro de la Generación del 98, por ser coetáneo, pero su inclinación por relacionarse con personas que le sacaban más de dos y tres décadas, era amigo de Galdós y Valera, lo acercaba más a los escritores decimonónicos.![[object]](http://www.lacoctelera.com/myfiles/laura-r-i/quijote.jpg?Expires=1340229600&Signature=Hgre3MpEWjXtE6ENNel5EWZa60h6kgri06LtOI2lnwsiyc-wE4~uQTSEpc85l4A7Q3ufgL42NCSL3APDfm5JilKh6eHIg8kTyORBsid4hi4Kb9YoqlT4RJpbpxBlO4gnmyeGf8BI1NC5BdMOgnsDfSPNnyMeFNT-571TF7FSRGA_&Key-Pair-Id=APKAJYN3LZI5CG46B7AA&Policy=eyJTdGF0ZW1lbnQiOlt7IlJlc291cmNlIjoiaHR0cDovL2QzZHM0b3k3ZzF3cnFxLmNsb3VkZnJvbnQubmV0L2xhdXJhLXItaS9teWZpbGVzL3F1aWpvdGUuanBnIiwiQ29uZGl0aW9uIjp7IkRhdGVMZXNzVGhhbiI6eyJBV1M6RXBvY2hUaW1lIjoxMzQwMjI5NjAwfX19XX0_)
El hecho que me sorprendió más de todos tiene relación con el Quijote. Como he dicho, estaba tranquilamente tumbada en mi sofá, pero cuando afirmaron que Menéndez Pelayo con seis añitos había leído la obra de Cervantes y que, por si fuera poco lo anterior, se sabía de memoria los siete primeros capítulos con dicha edad, me erguí y grité una blasfemia que no voy a transcribir por respeto a vuestra sensibilidad. ¡¡¡No pude creerlo entonces y no puedo hacerlo ahora!!! Como bien me contestó Ana cuando se lo expliqué, los niños estándar acaban de aprender la capacidad de leer a esa edad.
Si os digo la verdad, este dato me dejó con el autoestima por los suelos. Pensar que a los seis años Menéndez Pelayo, posiblemente, fuese fan de Cervantes y yo de los Teletubies me dejó muy afectada. ¿Qué pensáis vosotros? ¿Creéis posible la hazaña de Menéndez Pelayo?
http://www.youtube.com/watch?v=TT_3GowCmMM (Le dedico el título de mi entrada a Ana, jiji)
servido por Laura
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20 Mayo 2012
Como siempre, llego tarde, lo sé. Rosalía nos encomendó hace unas semanas que buscásemos información sobre algún tema de los años sesenta que nos llamara la atención, y como me ha costado bastante elegir qué iba a tratar, esta tarea me ha llevado un poco por el camino de la amargura.
Primero pensé en hacerlo sobre la llegada del hombre a la Luna, luego del levantamiento del muro de Berlín, más tarde de la publicidad de la época... Sin embargo, nada me acababa de convencer, así que, mientras comía con mis padres un sábado, saqué el tema:
- ¿Qué destacarías de los años sesenta, mamá? Es que tengo que hacer un trabajo de...
- ¡¿Que qué destacaría?! Pf... Yo qué sé... Como, entonces, no tenía televisión ni había tantas cosas para informarte de lo que pasaba...
- Hombre, ya lo sé, pero... ¿no me cuentas nada?
- Ahora mismo, no sé qué explicarte... Como no había televisión ni había tantas co...
- Ejem, ejem... Sí, sí, eso la primera vez que lo has dicho me ha quedado claro...
Como, por lo visto, mi madre no estaba muy participativa, abandoné mi cuestionario y, vestida con una capa de frustración que me llegaba hasta los pies, decidí no pensar más en los sesenta durante aquel día.
El domingo amanecía oscuro, con nubes, pero mi mente lo hizo iluminada por los rayos de una fantástica idea: ¿por qué no hacerlo sobre el movimiento hippie? Además, seguro que si a mi madre le hacía preguntas más concretas, posiblemente las respuestas también fueran más concretas.
A partir de aquí, lo primero que hice fue leer un poco acerca de tal movimiento, por eso me parece pertinente hablar un poco sobre el "hippismo", aunque posiblemente no os explique nada nuevo.
Este movimiento tuvo sus inicios, alrededor de los años 60, en Estados Unidos. Algunos de los factores que fueron decisivos para la consolidación de éste fueron el nacionalismo imperante y la Guerra del Vietnam, dos elementos a los que los hippies se oponían con manifiesto fervor. Lo más característico de este movimiento quizás sea la resistencia al sistema, por lo cual se automarginaban de la sociedad. Un buen hippie solía vivir en comunas, escuchar música rock, inclinarse hacia lo psicodélico y las drogas, vestir ropas
confeccionadas por él mismo como rechazo al consumismo, no participar en acciones políticas y seguir la tan conocida filosofía del "paz, amor y libertad". Todo esto era llevado a cabo por los rebeldes hippies como protesta, como ya he dicho, del sistema, por este motivo este movimiento fue tildado de contracultural y se ganó acérrimos enemigos.
En España, el movimiento no se asentó hasta diez años después de su nacimiento, y lo hizo sobre todo en Ibiza. Por lo que he leído, el hippismo no se entendió muy bien en nuestro país y, lo que se hizo, más bien que adoptar los ideales y los motivos que fundaron este movimiento, fue adoptar su estética.
Mi madre esta vez sí que pudo ayudarme, pues, como se fue de viaje de novios a Ibiza, me contó que estuvo en un mercado hippie. Lo primero que me explicó es que los hippies eran severamente criticados porque, entre otras cosas, estaba mal visto que un chico y una chica vivieran juntos sin haberse casado, y como ellos vivían todos en comunas, no respetaban esta tradición. A mi madre le llamó la atención que tuvieran un huerto propio y que se hiciesen ellos mismos las ropas y las vendieran en aquel mercado. Mi madre se compró un colgante de una paloma que habían hecho ellos mismo y se quedó prendada de la actitud y el comportamiento tan pacífico de aquellos personajes tan criticados en la época.
Para acabar, quiero decir que he escogido este tema, porque desde muy pequeña, como en las series y en los dibujos se abusa bastante de la figura del hippie, este movimiento me ha llamado siempre la atención. De hecho el título lo he sacado de un capítulo de Los Simpson en el que Homer se hace hippie.
A continuación os dejo música española que se asocia al movimiento hippie y un documental de Alejandro Vallejo Nágera, un reconocido hippie español. Espero que os guste :)
http://www.youtube.com/watch?v=cJLUON8X5lQ
http://www.youtube.com/watch?v=z_uUITEpuBs
http://www.youtube.com/watch?v=_3jerqiH7B0
P.S. Gracias, mamá, por ayudarme a hacer los deberes n_n
servido por Laura
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20 Mayo 2012
<<Cuenta Cide Hamete Benengeli, coronista desta grande historia, que el que la tradujo del original no pudo descifrar el contenido de algunos cartapacios, cuya escritura parecía compuesta por el mesmo demonio. El moro aljamiado, que aseguraba que ningún ser viviente podría jamás saber qué se escondía tras esa horrible caligrafía, abandonó tal empresa por parecerle que dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo no hacían pago a tanto esfuerzo. El historiador arábigo, molesto en demasía, no cesa de insistir en que su escritura había sido siempre impecable y perfecta y que, por tanto, su magna pluma no podía haber dado vida a las palabras que en aquellos cartapacios aparecían. Tras estar al tanto, la curiosidad me hizo perseguir día y noche al moro aljamiado para que intentara realizar de nuevo la referida empresa. Lloros, súplicas y gemidos fueron suficientes para mover a lástima aquel corazón morisco, cuyo dueño consiguió traducir, más tarde, algunas de las endiabladas frases que habían causado tantos quebraderos de cabeza. Así que, estimado lector, tendrás que conformarte con uno de los capítulos que pudieron traducirse casi íntegros, pues que transcriba la totalidad de lo que aparecía en aquel compendio de papeles es pedir lo excusado. Asimesmo, paciente lector, debes saber que Benengeli dice no ser el responsable de estos escritos, por lo que no puedo garantizarte la veracidad de lo que a continuación leerás. Juzgad vosotros mesmos.>>
Anduvieron caballero y escudero toda la mañana por las tupidas montañas de un famoso pueblo, conocido entonces como Santa Coloma de Gramenet, hasta que los ojos de don Quijote, escondidos tras la
visera del yelmo, avistaron un gran edificio que parecía ser fastuosa señal de que una nueva aventura se le ofrecía al más valiente de los caballeros andantes. Sancho, que no tardó una semínima en advertir las intenciones de su amo, no dudó en romper aquel silencio:
- Veo que vuesa merced mira con insistencia el Torrente de la bruja.
- Así es, amigo Sancho, -dijo don Quijote- puesto que el deber de caballero andante, una vez más, me inflagma el pecho. Esa bruja de la que todo el pueblo fabla se las tendrá que ver con la infinita fuerza de mi brazo, el cual ha vencido gigantes, endriagos y criaturas más temibles.
- Pero, mi señor, -balbució entre risas Sancho- ¿a qué bruja se refiere? ¿Acaso no creerá que en esta escuela hay brujas de verdad? A mi entender, hay maestras más feas y malvadas que un pecado y, si me apura, me juego las barbas a que incluso tienen enormes verrugas en las napias. Pero de eso a que sean auténticas brujas...
- ¡Calla, necio! - espetó iracundo el de la Triste Figura- Luego, luego nos adentraremos en esta escuela y podrás comprobar con tus redondos ojos de villano que hay una bruja tremebunda que asusta a los indefensos muchachos, si no es que les face algo peor.
Sancho Panza, sin rechistar, obedeció dócilmente a su amo. Sabía que llevarle la contraria en materia de aventuras le costaría, probablemente, un buen mojicón. A Sancho no le importaba, le llenaba de gusto y contento observar a don Quijote en el momento previo de emprender una aventura. Aquel hombre que parecía débil y viejo, en esos momentos crecía, se hacía más grande. Al escudero le daba la sensación de que nadie podría vencerlo, aunque las más de las aventuras terminaran muy diferente a como Sancho se las figuraba.
Una vez los dos se apearon de Rocinante y del Rucio, se adentraron luego por la que era entrada principal del Torrente de la bruja. Pasar el umbral y ver una cantidad ingente de muchachos fue todo uno, empero, los ánimos entre la turba de estudiantes no se caracterizaban por el regocijo y el contento. Unos se enjugaban las lágrimas, otros platicaban con gran enfado... Sin duda alguna, algo acontecía a los jóvenes estudiantes del Torrente de la bruja. Don Quijote, a quien no se le cocía el pan, alzó la voz con el fin de que aquellos le escucharan y le contaran qué les había hecho la horrible bruja:
- Bienaventurados bachilleres, no es menester que permanezcáis con el rostro mohíno ni una milésima más, pues tenéis delante a vuestro salvador. Soy consciente de que una detestable bruja no os deja, apenas, ni conciliar el sueño. Yo, el gran don Quijote de la Mancha, flor y nata de la andante caballería, he venido a poner fin a esta injusticia. ¿Dónde está esa horrible bruja?
Los estudiantes no daban crédito a lo que allí habían visto sus ojos. Aquel hombre enjuto y seco de carnes hablaba de una forma extraña y, además, vestía como los caballeros medievales de los famosísimos libros de caballerías. No obstante, una cosa era segura para los estudiantes: conocía el problema que les atormentaba y les había ofrecido una solución, lo que nadie hasta ahora se había dignado a hacer. La hegemonía de aquella profesora, que tan descaradamente hacía y podía hacer lo que quería con estudiantes y profesores, quizás tocara el fin gracias al fuerte brazo de don Quijote. Sea como fuere, el más atrevido de los bachilleres desplegó los labios:
- ¡Por fin alguien que nos ayuda! Traes una lanza y todo, qué bien. Más vale prevenir que curar, que con esa mujer nunca se...
Pero repentinamente el estudiante calló. La bruja, sigilosamente, se estaba acercando a las espaldas del caballero, el cual insistía al muchacho que no cesara en su plática, pero a éste se le había cerrado la garganta. La maestra tocó la lanza de don Quijote y chilló:
- ¡¡Qué guay!!
La horrible y estridente voz de aquella que no podía ser otra cosa que una bruja, hizo temblar de pies a cabeza al de la Triste Figura. Nunca había sentido algo parecido al miedo, pero esa voz le había penetrado las entrañas. Repentinamente, se giró y vio una imagen nefanda. Su instinto de supervivencia le alzó el brazo con gran fuerza e hizo que le descargara una buena puñada a la bruja. Ésta se quedó en posición horizontal en el suelo, con ojos medrosos, pero con una sonrisa sardónica bañada en sangre. Los estudiantes no paraban de gritar y aplaudir de tan contentos que estaban, pero, el demonio, que nunca durme, quiso que ese día se encontrara en el instituto un inspector, que, aunque tenía unas pintas bastante ridículas, tuvo las fuerzas necesarias para placar a nuestro celebérrimo caballero.
Sancho, que todo lo estaba presenciando con la boca abierta, corrió a esconderse debajo de una mesa, en la que había un tembloroso conserje que había tenido con anterioridad la ocurrencia de Sancho. Los dos se abrazaron mientras lloraban amargamente.
La bruja, al ver al agresor indefenso, se lanzó con todas sus fuerzas sobre él y sobre el inspector, que todavía yacía encima de don Quijote. Los estudiantes se estremecieron y no pudieron quedarse parados, fueron presto a socorrer al que era el Salvador. Llovían patadas, puñadas, mamonas, mordiscos, arañazos... Don Quijote, que permanecía medio inconsciente entre la muchedumbre fue llevado en brazos por unos cuantos estudiantes fuera del centro. Sancho corrió aprisa, sólo de pensar que aquella bruja podía tocarle con sus manos, lo llenaba de espanto.
- ¿Estás bien? -preguntó preocupado un estudiante- Cuando se te lanzó encima pensaba que habías muerto. Nosotros nos tenemos que ir dentro si no queremos cargárnosla... ¡Vuelve pronto, por favor!
Tras unos cuantos minutos de diligente marcha, Sancho se percató de que don Quijote no había abierto boca desde que abandonaran el Torrente de la bruja. Estaba afligido como pocas veces lo había visto y el fiel escudero intentó animarlo.
- Mi señor, no esté triste. Seguro que pronto nos encontraremos con una aventura que nos sea favorable a los dos. ¡Incluso pudiera ser que consiga mi ínsula y todo!
- No estoy afligido, amigo Sancho, -aclaró don Quijote- lo que me ocurre es que no veo el momento de volver a encararme con esa bruja pelirrubia. Quizás hayas creído que me ha vencido, pero nada más alejado de la realidad, ingenuo amigo. Uno sólo puede vencerse de uno mismo, Sancho, y yo esta vez he caído, pero ten por seguro que me volveré a levantar, porque, al fin y al cabo, eso es la vida, volverse a poner erguido cada vez que el caprichoso destino nos face perder el equilibrio. Y eso es lo que llevaremos a cabo, Sancho, nos levantaremos, nos levantaremos con tal fuerza, que el propio impulso del fecho de ponernos en pie acabará con el reinado de esa horrible bruja cuando menos se lo espere.
Y sin aguardar a que las patas del Rucio se pusieran en marcha, don Quijote avanzó hacia el horizonte infinito, el cual se fundía con el proceloso mar. El rostro de Sancho no podía esconder la sorpresa y el miedo. Sólo pensar que tendría que ver de nuevo a esa bruja, que ahora creía de veras que sin duda la había, le hacía traer lágrimas a sus ojos. Deseaba, incluso más que su estimada ínsula, que toda esa tontería se le fuese a su amo presto de las mientes. Mientras esto iba cavilando nuestro medroso escudero, don Quijote ya se había topado con una nueva aventura, la cual se verá en el siguiente capítulo.
servido por Laura
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20 Mayo 2012
Las buenas costumbres no deben perderse nunca y, como siempre que escribo en el blog, suelo contar alguna anécdota relacionada con Ana, Bea y la asignatura, no quiero que este trimestre sea una excepción. ¡Esta vez voy a por ti, Bea!
En estas últimas clases, tenemos que reconocer que todos nos hemos ensañado con Carmen, la protagonista junto a su marido de Cinco horas con Mario. Rosalía nos lo ha echado varias veces en cara, pero pienso que jugaba con ventaja, pues ya había leído la novela con anterioridad. Creo que es necesario leer la novela íntegra para que el personaje de Carmen se defina completamente, para que despliegue y le transmita al lector ese lado más humano que, finalmente, hace que la comprendas.
Recuerdo, en concreto, una de las situaciones que se produjeron en clase cuando leímos los primeros capítulos de Cinco horas con Mario, y voy a destacar unos cuantos aspectos de ésta para el desarrollo de la presente entrada. Menchu, sumamente angustiada, describía el horrible hastío que le había proporcionado el hecho de que su marido nunca le hubiera concedido el placer de tener un Seiscientos. Todos fuimos muy críticos con esto, pero en especial Bea, si ella me permite afirmarlo. Algunos puntos que destacó sobre Carmen fueron que era una materialista y, por otro lado, que sufría por una tontería.![[object]](http://www.lacoctelera.com/myfiles/laura-r-i/seat_600.jpg?Expires=1340229600&Signature=BErNv2K43MMAQjAnycBfxOJIHpeTn~dDr9qAgArXw7lP9ThW5VPcc0E-rti~wjviNk~czxTh3kU69y6pQTrmJsKaJZnOj2~ZWov~b66AuCGOYtJDSy3kdbU9Sd5~PjLyjIh7mrweemQBK-uORnHaGej5J8vszejRI3fw60zcfBw_&Key-Pair-Id=APKAJYN3LZI5CG46B7AA&Policy=eyJTdGF0ZW1lbnQiOlt7IlJlc291cmNlIjoiaHR0cDovL2QzZHM0b3k3ZzF3cnFxLmNsb3VkZnJvbnQubmV0L2xhdXJhLXItaS9teWZpbGVzL3NlYXRfNjAwLmpwZyIsIkNvbmRpdGlvbiI6eyJEYXRlTGVzc1RoYW4iOnsiQVdTOkVwb2NoVGltZSI6MTM0MDIyOTYwMH19fV19)
Curiosamente, un día o dos más tarde (no exagero, lo prometo), noté a Bea triste, preocupada. Con perseverancia, le insistí repetidas veces en que me explicara qué problema tenía, a lo mejor podía ayudarla. Mi amiga al final cedió y me contó detalladamente lo que le ocurría: "tengo un dilema", empezó. Yo me preparaba para lo peor, pensaba que le había acontecido algo horrible y un poco de nerviosismo mezclado con expectación invadió mi ánimo. Resumiendo, su problema consistía en que su móvil, a su parecer, se había quedado obsoleto y muchas de las aplicaciones, como los juegos (sí, el famoso "Apalabrados") eran incompatibles con él. Ella le había expresado su deseo de comprarse un nuevo dispositivo móvil a su padre, y
éste se lo había negado. Bea me detallaba muy enfadada que su padre podía comprarse sus caprichitos, pero que ella no podía hacerlo, porque él, injustamente, se lo prohibía. Lo cierto es que todo me pareció muy gracioso y como, en el fondo, soy algo cínica, me burlé de la pobre Bea con mis recurrentes bromitas. Además, ese último reproche que le había hecho a su padre me recordó a Carmen y al Seiscientos y, por supuesto, se lo espeté.
Durante todo aquel día, aproveché cualquier ocasión para introducir alguna de mis ironías. El problema de mi amiga me había llamado mucho la atención y no podía quitármelo de la cabeza. El día de antes metiéndose con Carmen porque sufría por un coche y, mírala, dos días después, sufriendo por un móvil. ¡Le pasaba lo mismo que a Carmen!
Soy una persona muy impulsiva y esto hace que muchas veces me equivoque. Sin embargo, en mis instantes de paz, me gusta reflexionar un poco sobre todo y, por supuesto, sobre cómo me comporto en determinados momentos. Ese mismo día reflexioné sobre el problema de Bea y me di cuenta de que yo había caído en el mismo error, ¡cómo no pude darme cuenta! Le había recriminado lo que dijo sobre Carmen, pero... ¿acaso yo no me había comportado con Bea de la misma forma? ¿No me burlé de algo que a ella le producía dolor? Me sentí mal, no por hacerle bromas, que yo creo que no fueron muy pesadas, sino por no entenderla. Todo el tiempo me venía a las mientes lo que le contestó Rosalía a Bea cuando ésta afirmó que Carmen sufría por una tontería: "¡¡¿Cómo que una tontería?!! Nada de lo que le produzca dolor a una persona es una tontería, a pesar de que, visto desde fuera, nos lo pueda parecer." Seguramente las palabras no son exactamente las mismas que pronunció Ro, pero pienso que el mensaje es similar. Lo que más me enfadó de todo fue el hecho de que, aun habiendo escuchado la intervención tan lúcida de mi profesora, no supiera llevarla a la
práctica.
Todo esto me ha servido para estar todavía más segura de lo contradictorios que podemos llegar a ser. También yo he sufrido repetidas veces a causa de que mis padres me han prohibido tener algo, ¿por qué, entonces, no conseguí comprender a Bea en ese mismo instante? Seguramente volveré a equivocarme una y otra vez si me veo envuelta en una situación similar, pero sé que, al menos, me percataré de mi yerro y podré rectificar a tiempo.
Antes de acabar la entrada, he de decir que siento que la lectura de Cinco horas con Mario me ha hecho crecer un poquito, me ha aportado muchísimas cosas que, estoy segura, me serán útiles como persona.
Bea, siento mucho haber tardado en comprenderte. Ahora ya lo hago :)
servido por Laura
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19 Mayo 2012
Tras una buena siesta (esta tarde estaba que no podía...), ¡el deber me llama! Hoy empezaré con una frase de Rosalía que, hace unos cuantos días, me ronda por la cabeza y que intentaré transcribir más adelante lo más fielmente posible. Aunque antes de desvelar cuál es, me gustaría ambientarla, describir mínimamente en qué contexto se produjo.
En la última clase de literatura previa al examen de Cinco horas con Mario, reflexionamos-debatimos sobre si Mario era un hombre íntegro o, por el contrario, se comportaba de aquella manera por vanidad, para echárselo en cara a los que no lo eran, como apuntaría Oyarzun. Nuestro corolario fue que ni Mario ni la humanidad son íntegros, ya que los hombres son buenos y malos, tesis que colocaría al final de la novela Delibes en boca del joven Mario. Después de esta conclusión, me vino a la mente una reflexión de Mario en la cual se preguntaba si en realidad era generoso, paradójicamente, por egoísmo, para recibir, en sus actos altruistas, una propia satisfacción. Sin remediarlo, esta profunda reflexión me recordó a la filosofía utilitarista y, sobre todo, al padre de Stuart Mill, James Mill. La moral utilitarista, en general, defiende que el comportamiento del ser humano está condicionado, sobre todo, por los sentimientos, y no e
xclusivamente por la razón como se había creído hasta entonces (emotivismo moral de Hume). El hombre evita lo que le produce dolor y busca lo que le proporciona placer, cuya consecuencia final es la felicidad. Por ende, lo que es "bueno" es aquello que proporciona placer al hombre. Hume expuso que la simpatía por su igual es intrínseca a la naturaleza del hombre y que, por tanto, nosotros buscamos la propia felicidad en la felicidad del otro, lo que es enormemente útil para vivir en sociedad. James Mill se hizo la misma pregunta que Mario, ¿acaso no es el hombre egoísta, aunque haga el bien a los demás? Mill padre concluyó que no éramos egoístas, sino altruistas, y se quedó tan ancho. Opinaba que nuestra generosidad o altruismo era señal de una conciencia moral más desarrollada... En mi modesta opinión, cogido por los pelos.
Pasado por mi filtro, aporté al debate este pensamiento utilitarista, y remarqué que, en realidad, todos somos egoístas, porque buscamos nuestro propio placer en el placer ajeno, esto es, que no lo hacemos desinteresadamente. Rosalía no me miró con cara de convicción, precisamente, y dijo que no estaba de acuerdo con lo que decía, porque no todo el mundo era feliz con la felicidad ajena. Y ahí va la frase: "eso lo dices porque tú lo sientes así, pero hay gente mala, créeme." La frase no puede ser más oscura y crítica para con el ser humano. Me dejó muy sorprendida, la verdad, y no pude reflexionar sobre ella hasta que llegué a casa.
"Mala", esa fue la palabra que más me llamó la atención. Es cierto que yo lo dije, porque lo sentía y lo siento así, sé que haciendo feliz a la gente que quiero yo misma soy feliz, pero creo que eso no me convierte en mejor persona o, por el contrario, si no fuese feliz de esa manera, no me creería una "mala persona". ¿Yo he elegido cómo sentirme bien? No, es algo propio de mi naturaleza, lo único que hago es dejarme conducir por mi instinto, por mi sentimiento de atracción, es decir, hago lo que la naturaleza me ha impuesto. Así que, en realidad, estoy haciendo lo mismo que la persona que no se siente atraída por el bien ajeno. ¿Por qué unos somos "buenos" y otros "malos", si en esencia hacemos lo mismo?
Creo que la frase de Nietzsche que he escogido como título retrata muy bien este asunto. En la frase, yo entiendo que Dios no es más que la metáfora de la "decadente" moral judeocristiana, de su maniqueísmo, de todos los viejos valores y falsas verdades que hemos tenido por ciertos y que son enemigos de la vida. No
aceptar estos valores ni verdades es, en cierta manera, una liberación para el hombre. El ser humano no puede elegir cómo comportarse y, si aceptamos esto, aceptaremos entonces que no es justo castigarlo o tildarlo de "malo" por ello.
Pero aun cuando el moralista se dirija simplemente a un individuo y sólo a él le diga "así debes ser", su actitud no es menos ridícula. El individuo es un pedazo de los hechos, de la realidad, desde atrás y hacia delante, una ley más, una necesidad más con respecto a todo lo que es y será. Decirle "cámbiate" significa exigir que cambie todo, incluso hacia atrás. (El ocaso de los ídolos, Friedrich Nietzsche)
Hay quienes dicen que el psicoanálisis nunca hubiese existido sin Nietzsche y es que él sugirió lo que más tarde descubriría Freud. Sigmund Freud defendió que el comportamiento humano era producto de causas que el sujeto no controla (más o menos como Nietzsche) y el gran descubrimiento que aportó fue la existencia del inconsciente, parte del sujeto que ni él mismo conoce.
Retomando de nuevo la frase, ¿a qué se refiere con "malo", entonces? Yo creo que a "lo diferente", al monstruo (léase sin connotaciones negativas). Si aceptamos que "lo normal" es aquello que por estadística es más común, la persona que se sienta atraída por la felicidad ajena es normal, al menos en ese aspecto. Por el mero hecho de que la otra persona sea diferente, pienso que no debemos juzgarla, marginarla o destruirla, dado que ella no es la responsable de su comportamiento. Estoy de acuerdo con que esta diferencia puede ser peligrosa para la sociedad, que alguien no tenga el sentimiento de simpatía por su igual no es útil para el ser humano, pues es un "animal social". Lo ideal sería buscar la forma de integrar a este tipo de personas sin que perjudicaran a la masa social y si, pudiera ser, sin mutilar su libertad. Me estoy dando cuenta de que he lanzado un mensaje moralista utilizando a Nietzsche. Soy perversa.
En definitiva, creo que hacer esta reflexión era interesante, porque más o menos es el mensaje que se puede extraer del epílogo de Cinco horas con Mario: la tolerancia entre opuestos (o complementarios). Soy consciente de que a más de una o uno le gustará llevarme la contraria, por eso, ya que he empezado con una frase de Nietzsche, también terminaré con otra:
¿Qué importa que yo tenga razón? Yo tengo demasiada razón. Y el que hoy ríe más, también reirá el último. (El ocaso de los ídolos, Friedrich Nietzsche)
P.S. Empecé la entrada ayer por la tarde y la he terminado hoy. Lo aclaro para que no os penséis que duermo la siesta por las mañanas, jeje.
servido por Laura
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13 Mayo 2012
A Paco lo he calado desde la primera vez que Carmen explicó que tenía un Tiburón, ¡un Tiburón! Si el coche hubiese sido un Escarabajo, por ejemplo, supongo que no me habría dado por pensar en San Juan de la Cruz, en su simbolismo y, por qué no decirlo, en sexo y comercio carnal. Pero que el coche se llame Tiburón, teniendo en cuenta lo que el coche significa para Carmen, me ha puesto sobre aviso, ¡estoy segura de que Delibes no
hizo que Paquito tuviese precisamente tal vehículo sin intención alguna! Entre Carmen y Paco hay algo más que paseos por el centro, ¡seguro!
Reconozco que lo primero en que pensé cuando leí el nombre del coche no fue exactamente en San Juan, sino en un famoso éxito del verano de hace un tiempo. En aquellos entonces, yo no sumaría más de cuatro o cinco años y en la radio no paraba de sonar El tiburón, canción que probablemente todos habréis escuchado. La composición versaba, si mal no recuerdo, sobre un chico que iba a la discoteca y quería cortejar a unas damas, sin embargo, cada vez que iba a seducirlas, un "tiburón" venía y "se las llevaba". A causa de mi tierna edad, no comprendía el sentido de la canción, la metáfora que se emplea escapaba a mi entendimiento y realmente creía que un pez asesino aparecía en la discoteca y desmembraba vorazmente a la pobre chica. Un poco surrealista, lo sé. Recuerdo que descubrir, tras un amplio lapso de tiempo, que "tiburón", en la canción, no era ningún escuálido, sino que en ella se hacía referencia a un hombre que conseguía entablar una relación con cualquier mujer que se le pusiera delante, me produjo una gran sorpresa y me marcó muchísimo, de hecho creo que fue así cómo descubrí la existencia del sentido figurado.
Como comprenderéis, al leer que el coche se llamaba Tiburón, esta anécdota me vino a las mientes y, automáticamente, identifiqué a Paco como "el terror de las nenas". El hecho de no tener coche, en la novela, no sólo equivale a un capricho frustrado de Carmen, para m
í tiene un sentido mucho más profundo. Es la materialización de todo lo que podría haber sido y no fue, de todo lo reprochable del trato de Mario hacia Carmen, de la indiferencia del marido, de la frustración sexual de la esposa... En resumidas cuentas, es símbolo del sufrimiento que le ha provocado a la protagonista el fracaso de su matrimonio. No es de extrañar, entonces, que cuando Carmen se reencuentra con el que antaño había sido su pretendiente, ahora rico, con coche, lleno de atenciones hacia ella, ésta manifieste claras señales de que algo se ha despertado en su interior y de que una atracción entre ambos se respira en el ambiente.
Los ojos sigue teniéndolos ideales para mi gusto, más bonitos, si cabe, de un azul verdoso, entre de gato y de agua de piscina.
¿Tú sabes cómo me miraba, Mario? Al marcharme no sabía cómo ponerme, te lo juro, que él no arrancaba y de seguro que estaba fisgándome, que me dio coraje haber salido con esas fachas [...]. (X)
El reencuentro con Paco ha despertado la "sex machine" que en realidad es Carmen y que lleva reprimiendo desde que se casó con el soso de Mario. Un detalle muy sutil en el que he reparado, al que quizás dé una interpretación errónea, es la aparición de los colores azul y rojo. El azul es el símbolo de la razón, del control sobre uno mismo, del alma apolínea; y este color es, precisamente, el del suéter que Carmen lleva cuando Eliseo San Juan la cubre de piropos tan delicados como "qué buena estás, cada día estás más buena". En esta situación, Carmen no reacciona. Aunque, en cierto modo, se siente halagada por despertar admiración en otros hombres, no contesta a los requiebros del nato conquistador que allí la asedia. En contraposición al azul, el rojo es el color de la pasión, de los instintos más primarios, del alma dionisíaca... ¿A que no adivináis de qué color es el Tiburón de Paquito? ¡Exacto, rojo! En esta situación, Carmen no muestra tanto autocontrol como en la anteriormente planteada:
[...] que yo estaba ya un poco atontolinada, te lo juro, y cuando me sujetó por los hombros, el corazón como loco, paf, paf, que yo creo firmemente que me hipnotizó, Mario, te doy mi palabra, que ni podía moverme ni nada, sólo el runrún de sus palabras cada vez más cerca, que ni los pinos, date cuenta, con los que había, y cuando me besó, ni eso, todo se me borró, como sin conocimiento, te lo juro, que sólo podía oler, que olía a esa mezcla tan varonil de tabaco rubio y colonia de fricción que es un olor, Valen te lo puede decir, que trastorna, que no es invención mía, te lo podría jurar, que no tuve arte ni parte, que estaba medio hipnotizada, palabra. [...] (XXI)
Como popularmente se dice, ¡aquí hay tema, pero vamos! Confieso que antes de empezar cada capítulo ojeo las páginas que lo componen con el fin de encontrar el nombre de "Paco" para ver si finalmente hay algo más que un beso.
Como no consumen en el Tiburón, lo cual sería para mí la culminación del simbolismo, me llevaré un terrible chasco que me costará superar.
¡Ojalá Carmen se deje llevar por su parte dionisíaca! Yo me tomaré esa infidelidad como señal de que Carmen abandona, aunque tan solo sea por unos instantes (o no), ese papel de sumisión que ella misma se inflige (a ella misma y a las mujeres en general), será señal de rechazo a la vida que ha "compartido" con Mario, y, asimismo, señal de una rebeldía reprimida durante años.
P.S. Creo que tras el primer capítulo en que Carmen nos presenta a Paco, el capítulo que sigue va encabezado con un fragmento del Cantar de los cantares. ¿Indicio de que Carmen llegará a la vía unitiva con "el amado"?
servido por Laura
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23 Abril 2012
Tener un blog de literatura y no escribir algo sobre el día de Sant Jordi me hacía sentir culpable, así que, como suelo hacer, colgué una entrada vacía en tan señalada fecha, ya que ese día no tuve tiempo ni de hacer una de las tareas sobre los años sesenta que Rosalía nos había encomendado (lo cierto es que tampoco tenía inspiración...).
Lo primero que hice el día de Sant Jordi, metida en la cama y todavía con los ojos cerrados, fue calcular cuántos años hacía que Cervantes había abandonado físicamente nuestro mundo: trescientos noventa y seis... ¡se dice pronto! Creo que esto fue lo primero que hice al despertarme porque, cuando iba a segundo, Rosalía nos explicó que el día de Sant Jordi no se regalan libros por ser precisamente ese santo, sino para conmemorar la muerte de dos grandes escritores: Shakespeare y Cervantes. Esto me marcó mucho, puesto que yo estaba segurísima de que era con motivo de la leyenda del caballero y, además, me sorprendió que dos grandes muriesen precisamente el mismo día, aunque esto último va con trampa, pues en Inglaterra el calendario era distinto. Por lo que he leído, Shakespeare murió, realmente, el tres de mayo.
Mi Sant Jordi de este año fue muy especial, lo pasé muy bien, aunque no sé quiénes intentaron eclipsar el día de los alumnos de segundo de bachillerato obligándoles a asistir, tras el concurso literario, a una tediosa clase de historia. ¡¿A qué mente perversa se le ocurre?
El motivo capital que me ha movido a hacer esta entrada es un regalo que Elisa me está haciendo con todo su cariño. No sé si fue antes, durante o después del día que estamos tratando en la entrada, pero Elisa me llamó por teléfono y, entre otras cosas, me dijo que me estaba haciendo un dibujo de don Quijote. Esto que me confesó me sorprendió tanto que Elisa tuvo miedo de que yo no lo creyera y, la pobre me envió lo que llevaba hecho de mi regalo por correo electrónico.
Por ser el aniversario de la muerte de ese monstruo de las letras, me ha parecido buena idea enseñaros el dibujo de mi amiga y, asimismo, dedicarle la entrada a Elisa, a la que no veo desde hace unos cuantos días por los dichosos estudios...
El dibujo quizás os recuerde a una anécdota que expliqué en otra entrada. De hecho es lo que ha inspirado a Elisa, como no podía ser de otra forma. A lo mejor también os llama la atención que don Quijote tenga una hamburguesa en la mano, pero eso ya es otra historia.
Cuando Elisa me dé el dibujo acabado, me comprometo a colgarlo en esta o en otra entrada. Seguro que os gustará mucho :)
(Esta entrada estaba colgada el día 23 de abril, pero se ha borrado...).
servido por Laura
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